SOÑANDO CON HADAS |
![]() CUADERNO DE VIAJE DE UNA SOÑADORA
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A veces me siento como un niño que lleva los bolsillos repletos de piedras para enfrentarse al mundo, que se me antoja como un soldado armado hasta los dientes defendiendo un territorio que nunca fue suyo. Tiro las piedras con todas mis fuerzas, con el convencimiento de que así, podré alejar el miedo en cada lanzamiento. Al final caigo exhausta, rendida ante la evidencia de que las batallas no se ganan ni con piedras ni con sentimientos. Sobre todo cuando a quien se le arrojan, ni escucha ni se plantea otra cosa, que no sea seguir siendo dueño de un territorio que cree que le pertenece. Evaglauca La vida no es un problema que resolver, Luis Racionero A veces hay escenas de películas, que llegan al alma y otras todo el film te envuelve en una especie de montaña rusa de sentimientos donde se mezcla, lo vivido con lo que se está visionando. En hora y media, compartes tu vida con una historia que sale de una pantalla que aunque inerte, te hace darte cuenta de lo viva que estás, a pesar de los pesares. Y yo que mantengo la fe en el ser humano, creo que en este mundo existen muchas personas anónimas que con su forma de estar en el mundo, bien se les podría dedicar La Sinfonía para un buen hombre. Llovía, la música sonaba en el coche transportándola a universos de los cuales solo ella poseía la contraseña. Cuando su pequeño subió al coche aterrizo en su cotidianidad, y después del saludo de costumbre, el le mostró un regalito que le habían hecho en el colegio, al cual ella no le prestó mucha atención. Pero el insistió, explicándole que en el cole habían dicho que era el día del niño, y que los niños tenían derechos. Esas y no otras , fueron las palabras que se colaron en su mente ajustando las coordenadas que abrieron la puerta más cerrada de su alma, y la vio allí en el suelo tendida llorando entre el dolor de los golpes y el miedo a levantarse puesto que los gritos de su madre la bloqueaban dejándola en un estado casi catatónico. Como le hubiese gustado abrazarla y decirle, levántate pequeña, que tienes tanto derecho a ser inquieta y feliz como cualquiera, que tu no mereces ni los insultos ni los golpes, que el problema reside en ella pero no se da cuenta. -Mama, ¿Qué te pasa? ¿Porqué lloras? -Por nada cielo, es que te quiero tanto que a veces me hace llorar. -Vale, pero no lo entiendo muy bien. Y dándole un beso en la frente, su mente cerró ese inoportuno recuerdo, mientras se dirigía a la cocina a preparar la merienda a su pequeño. No te acongojes más por lo que has hecho; Todos cometen faltas, yo también A tu yerro sensual le doy mi ayuda; que no puedo dejar de ser complice WILLIAM SHAKESPEARE A veces, el vacío es tan grande que lo ocupa todo, sin dejar hueco ni tan solo a la esperanza. Entonces lleno el espacio de pequeñas cosas para no sentir el frío de la nada, cosas sencillas, como una sonrisa, o una mirada que te regala un grato reflejo, el color del cielo de este noviembre melancólico, una canción que evoca un recuerdo, el aroma de la taza del café del desayuno (hummm, como me gusta el olor a café recién hecho) y así me olvido de ese vacío tan lleno de cosas buenas. Se precisa musa, Interesadas, enviar currículum vitae, no hay límite de edad y no se requiere experiencia, la especialidad no es importante aunque se valorará el sentido del humor. Abstenerse las propensas a ñoñerias y sobre todo la especialista en melancolía, que ese sector anda bien cubierto. Que curioso es el día a día, tan pronto estás sumido en el más lánguido de los letargos melancólicos, lento , denso y viscoso como una especie de chapapote que inunda días interminables, como que de pronto se da la vuelta a todo como un reloj de arena al que un niño agita para que el tiempo pase más deprisa, y se te juntan dieciocho cosas por hacer, como ir de despedida de soltera, de fiesta de cumpleaños de tu mejor amiga, reunión en la biblioteca, comida de familia y un café que habías prometido hace siglos a un amigo pensando que nunca tomaría en serio. Pero que le habré hecho a Cronos para que sea tan .... conmigo que me tiene en días de soledad absoluta o en días estilo Hermanos Marx, de esos en los que no cabe todo el mundo en mi agenda, como si se tratase la habitación pequeña donde todo el mundo entra y sale creando un caos delirante. |