SOÑANDO CON HADAS |
![]() CUADERNO DE VIAJE DE UNA SOÑADORA
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A veces, creía estar en comunión con los elementos, y una especie de paz de adueñaba de sus sentidos, sumiéndola en como llamarlo, éxtasis. Solo en esos momentos tomaba conciencia de que formaba parte de un todo indefinido, que la envolvía, solo en esos instantes, no se veía como una alienígena de su propia piel, o una apátrida en su alma, en esos segundos eternos, la luz inundaba su universo, y se sentía agradecida de ser ese grano minúsculo de arena en el desierto, que la rodeaba. Evaglauca Acurrucada en tu sonrisa Para cuando me sobrevenga el invierno Deseo ser la costura que una la entrepierna de tu alma Me imagino como el ojal donde abotonas todas y cada una Nada me gustaría más que ser la cremallera que se cierra Pero me conformo con ser el fondo del hoyuelo Evaglauca Hoy empieza la cuenta atrás, de aquí a: cinco, cuatro, tres, dos, uno ,cero, ya no seré treintañera, seré Cuarentona,( si señor), una señora Cuarentona, (no me lo puedo creer), aunque la verdad es que no quiero, pero como diría alguien a quien aprecio un montón, lo que es es, y yo soy de esos seres raros a los que le gustaba cumplir años (hasta el 22 de mayo). Había pensado hacer un escrito de agradecimiento, pero estoy segura, de que jamás podré escribir nada a la altura de todos y cada uno de los que formáis parte de mi universo, y no soportaría dejarme a nadie en el tintero. Así que gracias a todos por estar ahí, y sobre todo a los que conociéndome, todavía seguís a mi lado y como diría Lluis Llach” que la vida us dongui un camí ven llarg . Gracias por anticipado,(parezco una ancianita en sus últimas voluntades), pero no os cuesta nada alegrarle la vida a este ser humano en plena crisis de los cuarenta. Últimamente, me siento observada por un pequeño caracol, diminuto, si lo comparo con esas rulotes enormes que pasan dejando surcos babosos a mi alrededor. Debiera ignorarlo, puesto que amapolas y caracoles, nunca han sido amigos. Pero disfruto tanto, observando su cáscara de color blanco y piedra, sus diminutos y blandos cuernecillos que parecen mirarme con curiosa avidez. Tal vez soy un ababol orgulloso, que solo por ser una linda flor roja entre tanta espiga verde, me creo que puedo ser el centro de atención, de cualquier ser de mi alrededor. Esta mañana, ha sido fascinante, mientras el sol extendía perezosamente sus rayos, y las últimas gotas de rocío corrían hacia la tierra ofreciéndome mi ducha matinal, un escalofrío, lento y tibio se ha ido apoderando de mi hasta que lo he descubierto en uno de mis pétalos y le he dicho: -Hola, A lo que el ha contestado -Hola mi preciosa flor. Me he quedado paralizada por la sorpresa y la emoción, que el ha percibido y seguidamente ha vuelto a decir: -Hola, precioso ababol, no temas, por mí, no voy a hacerte ningún mal, solo quería compartir un instante junto a ti. No he sentido temor alguno, solo un baile de emociones y sentimientos, que compartidos nos han proporcionado la banda sonora del atardecer más hermoso que jamás he vivido hasta este eterno instante. Evaglauca Unos, los guardan celosamente y los reparten con cautela, gota a gota, con miedo de perderlos, puesto que son conscientes de que son preciosos y únicos. Otros son alocados, y los reparten sin orden ni concierto, haciendo trabajar el doble a su corazón para rellenar el frasquito , aunque en ese frenesí, a veces pierden el control, rompiendo el cristal que los contiene, y entonces, los sentimientos vagan desconcertados por los caudales sanguíneos, sin saber por donde salir hasta que son digeridos como si fuesen aliento para el estómago en vez de para el alma. Ahora, que los hay recelosos, porque, una vez entregaron el contenido del mágico recipiente a alguien que no supo apreciarlo, causando un gran dolor al pobre músculo bombeador, a causa de lo cual tuvieron que llevarlo a la sala de urgencia, y una vez curado, no querían arriesgarse a volver a pasar por el mismo trance. Aunque esta humilde narradora, ha llegado a la conclusión, que en esta vida es mejor que no se quede nada por decir. Tal vez porque la magia que envuelve las palabras, que no se dicen, se pierde para siempre, en el secreto fondo de un tintero |