SOÑANDO CON HADAS |
![]() CUADERNO DE VIAJE DE UNA SOÑADORA
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Hoy ha amanecido, un día gris, aparentemente, solo iba ha ser eso un día nublado pero solo aparentemente. La sal se ha ido apoderando de mi palmo a palmo, primero ha tomado mi ánimo, mas tarde mi corazón y por último mi voluntad. Me resisto a dejarla salir, puesto que ya ha recorrido el mismo cauce millones de veces, pero no he podido construir un dique lo suficientemente fuerte como para contenerla. Así que hoy es un día gris, con sabor a sal, a veces pienso que me voy a volver como Sara de sal, tanto volver la vista atrás. Había trazado un plan, puesto que en este largo y ancho mundo siempre hay alguien dispuesto a regalarte una sonrisa. Pobre alma triste, jamás encontró ninguna sonrisa que le llenase como la que había perdido. Ninguna carcajada le retorno la melodia a su caminar diario.Porque copiar la risa no es tan divertido como provocarla o sentirla. Dejarse inundar por las carcajadas, hasta que te flaquean las fuerzas y el aire parece faltar llevandote a un instante eternamente efímero, no está al alcance de todos. Decidió que lo único que podía hacer era robarla, dejando a la pobre victima con serios problemas de identidad, y una triste mueca en un rostro incrédulo, porque nadie le había advertido jamás que hubiesen ladrones de ese tipo. Así que quedais advertidos , tened cuidado con los vampiros emocionales que solo buscan y no entregan nada a cambio, porque os podeis quedar sin música en el alma, con el corazón hecho trizas y por supuesto sin RISA. Evaglauca. TOMAS EL LEÑADOR Tenía Tomás por costumbre, levantarse temprano para cortar leña y regresaba cada día justo cuando la luna despertaba mimosa a última hora de la tarde. De camino a casa, para no sentirse tan solo en su caminar, solía entablar un diálogo ficticio con la luna, comentándole, como le había ido la jornada, le contaba sus preocupaciones, y cuando no sabía de que hablar se inventaba alguna historia para tenerla distraída, y así el trayecto parecía más corto y la carga más ligera. Lo que no sabía Tomás, es que la luna lo escuchaba con atención y estaba ansiosa por oír sus historias. Porque con el tiempo le había cogido cariño al viejo leñador. Una tarde de febrero, más fría de lo habitual, sintió Tomás que sus fuerzas flaqueaban, y sus años pesaban ya demasiado, para el trabajo que todavía le quedaba por hacer. Se sintió extenuado y con un gesto suplicante miró hacia su amiga celestial y le dijo: -Luna, te lo imploro, ya no puedo más, estoy ya muy viejo y este trabajo es demasiado duro para mi, BAJA Y TRAGAME. La luna que lo contemplaba y escuchaba como había hecho siempre, bajó lentamente y lo abrazó, llevándoselo hacia su lugar en el cielo. Desde aquel día se hace mutua compañía el uno a otro. Si te fijas bien, las noches de luna llena podrás observar la sombra del leñador con su hacha y su haz de leña, como le cuenta historias a la luna. Evaglauca |