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SOÑANDO CON HADAS

¡Oh Capitán, mi capitán!
de Walt Whitman

 


’’’¡Oh Capitán! ¡Mi Capitán!’’’


I

¡Oh Capitán! ¡Mi capitán! Nuestro espantoso viaje ha concluido;
El barco ha enfrentado cada tormento, el premio que buscamos fue ganado;
El puerto está cerca, las campanas oigo, toda la gente regocijada,
Mientras los ojos siguen la firme quilla de la severa y osada nave:
          Pero ¡oh corazón! ¡Corazón! ¡Corazón!
          Oh las sangrantes gotas rojas,

          Cuando en la cubierta yace mi Capitán
                Caído, frío y muerto.


II

¡Oh Capitán! ¡Mi capitán! Levántate y escucha las campanas;
Levántate —por ti se ha arriado la bandera— por ti trinan los clarines;
Por ti ramos y coronas con cintas— por ti una multitud en las riberas;
Por ti ellos claman, el oscilante gentío, sus ansiosos rostros a ti se vuelven;
          ¡Arriba Capitán! ¡Querido padre!
          Este brazo bajo tu cabeza;

          Es tan sólo un sueño aquél en la cubierta,
                Tú has caído frío y muerto.


III

Mi Capitán no responde, sus labios están pálidos y quietos;
Mi padre no siente mi brazo, no tiene pulso ni voluntad;
El barco se encuentra anclado sano y salvo, su viaje concluido y terminado;
De una horrorosa travesía, el barco vencedor, viene con un objeto conquistado;
          ¡Regocíjense, oh riberas y repiquen, oh campanas!
          Pero yo, con lúgubre andar

          Camino la cubierta donde yace mi Capitán,
                Caído, frío y muerto.

 

Da igual, en que mar naveguemos, ni lo fuertes que puedan ser las circunstancias, cuando encontramos a alguién capaz de ponernos encima de la mesa, el desinto nos ha hecho unos de los regalos más grandes, despertar nuestra consciencia a través de un Capitán que seguro tuvo esa suerte antes que nosotros.

A todos esos maestros de la vida que despiertan nuestra conciencia, alma y corazón gracias por ser nuestro Capitán.

Evaglauca

 


 

 



El portazo no solo resonó en el vacío que dejaba su marcha. La puerta cerró todas aquellas estancias donde habitaba la felicidad, dejando ríos de soledad salada que ahora entumecían todos y cada unos de sus sentidos.

Solo las letras daban alas a sus sueños, se dejaba seducir por ellas en los libros
que desde hacia un tiempo se habían convertido en los únicos  amantes entres sus sabanas, y que la acunaban entre sus páginas como una dulce melodía tarareada suavemente  muy cerquita del oído.

Se resistía al embate del deseo  de  caricias de piel, porque ya había pagado un
precio demasiado alto, y no le quedaba más corazón para entregar.

Había aprendido a tomar el hilo de su vida, por enmarañada que esta estuviese.

Podía percibir el olor a otoño que empezaba a rezumar por su piel, conviviendo con la nostalgia y la esperanza, porque en algún lugar había leído, que sin esperanza no se puede vivir, y ella no renunciaba a tener en su boca el sabor de los sueños cumplidos.



 



Evaglauca

Piel de Luna

Piel de Luna

 

Tenía la piel de luna y era Sirena, sus cabellos eran de noche y sería demasiado fácil decir que  el brillo de sus ojos  era como destellos de estrellas. 


 

De mirada calmada, llevaba el reflejo de las mareas, aunque a veces podían adivinarse huracanes escondidos detrás de tanta calma aparente.


 

Nadaba en la frontera de los sueños, disfrutaba cantando a los crepúsculos y pintando amaneceres.

 

 

Jamás embauco a un marinero, es más le parecieron siempre seres temibles y brutos.


 

Sabía del amor, por los cuentos que le contaba la vieja ballena gris, y pensó siempre que el amor era la materia de la que están hechos los cuentos.

Pero el destino, quiso intervenir en la suerte de la joven Sirena, porque al destino no le gusta estar quieto y además siempre adivinó los huracanes que se escondían detrás de las pestañas de
Piel de Luna.


 

Una tarde llegó él, bello y fuerte, pero con el miedo escondido detrás de sus dos grandes ojos negros, traía relatos aterradores, sobre experimentos, laboratorios, acuarios y la más emocionante de sus aventuras, en la cual relataba su huida hacia la libertad.


 

Bastaron dos tardes, para que ambos se diesen cuenta de que la existencia como hasta aquel momento, ya no era suficiente.


 

Desde entonces delfín y sirena surcan los mares con el corazón dispuesto a escribir nuevas historias, él disfruta de su libertad en la mejor compañía y ella vive convencida de que el amor, no es solo la esencia de los cuentos o las leyendas.

Evaglauca



 



 



Vacaciones

Vacaciones

Hace días que mis palabras no encuentran el camino de  los sueños, que están estresadas, cansadas de repetir de modos diferentes las mismas cosas.

Así que esta mañana les he dicho

-Chicas, haced las maletas  e ir en busca de vuestras propias aventuras. Marchad a capturar amaneceres rojos, poner música a vuestros silencios, disfrazaros de atrevidas para robar la sustancia de los besos y abrazos, danzad, danzad, danzad entre  nubes de  ilusión  y cuando la nostalgia gane la partida, si algún día lo hace yo os estaré esperando.

Me han mirado con cara de sorpresa, pero ahora están como locas haciendo reservas y las maletas a su destino.

Yo para no sentirme sola sin su presencia, he decidido hacer el equipaje  e ir a buscar el mío, para que cuando nos volvamos a encontrar tengamos muchas cosas que contarnos, y así poder  compartir con vosotros algunos renglones frescos e ilusionados.



   Evaglauca



 

Si le concediésemos al presente el valor que tiene, la nostalgia no otorgaría la victoria al pasado sobre el futuro.

Evaglauca

Entre las páginas 112 y 113 de mi libro favorito, unas palabras bailan formando un verso como este;


Oye un ruego, Ishtar,

Luna de los Amantes.

De quien no sabe dar

Enséñame a recibirlo todo.

De quien no sabe abrirse

Hazme llenar….

(pag, 112 )



Unos parágrafos adelante, en la siguiente hoja una descripción sublime  se desliza entre las pupilas del lector que ávido de seguir adelante, devora una a una las palabra con las prisas de la pasión.


Ya respiraba tranquilo y la sacerdotisa le notó contemplándola por primera vez. El muchacho descubría la lisura de los cabellos femeninos graciosamente recogidos, la delicadeza del rostro, el cuello que lo sostenía como un tallo a una flor, el cuerpo pequeño pero exquisitamente formado, con senos apuntando bajo la túnica y caderas ostensibles. La mirada se detuvo en la sandalia ritual y luego volvió a subir recorriéndola como en una caricia, saboreando el descubrimiento. Los ojos ya no eran sólo risueños; relumbraban vida.

(pág. 113. Del libro La  vieja sirena del autor José Luis de Sampedro)


Siempre estaré agradecida a la persona que me recomendó este libro, bueno este y muchos otros, pero este en especial, porque me tuvo cautiva del principio al fin, y de vez en cuando vuelvo a sus páginas abriéndolo al azar, y aún soy capaz de emocionarme.
Gracias Mari por tus sabios consejos, y por supuesto , gracias al destino por forjar un alma tan magnífica como la de José Luis de Sanpedro, y otorgarle el don de la palabra, que esgrime con maestría, sabiduría, talento, solidaridad, y un millón de adjetivos que quedaría cortos.

Evaglauca

Desde que brotó, había vivido siempre en la parte sombría del jardín. Se elevaba con su tallo de un modo tímido y sinuoso hacia el cielo, en busca de esa luz que le daba la vida.

Disfrutaba con el cosquilleo que le producían las mariquitas mientras trepaban por sus hojas, o del dulce rubor que le provocaba el libar de las mariposas, a las que envidiaba, no por su belleza, si no porque podían salir volando.

La pequeña margarita era soñadora, algo peligroso para una flor enraizada en un jardín. Había aprendido a imaginar otra vida tarde a tarde, cuando la pequeña Alba, leía en voz alta toda clase de cuentos y leyendas para olvidar, que sus pies se resistían a andar sin aquellos hierros que la mantenían rígida, ya que su espina dorsal se resistió a formarse del todo .

Una tarde mientras Alba leía un cuento Celta, sobre hadas, ríos, deseos y sueños imposibles hechos realidad, escucho a su madre decir;

-¿Dónde se esconde hoy mi pequeña sirena?

- Nadando entre margaritas como siempre.

Fue rápido, casi no se dio cuenta, dos dedos la arrancaron del resto de su tallo, pudo sentir como inspiraban su aroma, después un sarcófago de papel la acogió entre la página ciento doce y ciento trece.

Desde que brotó, la sombra y los sueños fueron sus compañeros de viaje, ahora reposa en un libro de cuentos Celtas, sobre hadas, ríos, deseos y sueños imposibles hechos realidad.


Evaglauca

Lápiz, papel y un millón de palabras dando vueltas en su cabeza, ese era casi siempre el inicio de todas sus historias.

Letras que surgían de algún naufragado recuerdo de canción, o que simplemente  se escapaban de aquellos libros que le habían acompañado, en noches en las que no había otro refugio, que el abrazo de una historia a la luz de la mesita de noche.

Empezó admirándolas, le divertía jugar con ellas y el sonido que tenían independientemente de su significado. Las atesoraba en pequeñas libretas, para cuando tuviese necesidad de ellas, incluso tenía algunas guardadas en una cajita de cartón, puesto que quienes la conocían se las regalaban para su cumpleaños.

Y con toda esa admiración y respeto por ellas, siempre que las necesitó la dejaron muda, aunque no se lo tiene en cuenta, sabe perfectamente que aquello que importa no necesita de muchas palabras para explicarlo, basta con una mirada desde el fondo del alma.


Evaglauca

Llevaba tanto tiempo dejándose llevar por la corriente, que
el día que quiso remontar el río le flaquearon las fuerzas, la corriente era fría
y helaba su cuerpo,  pero no se rindió,
paró en la orilla el tiempo suficiente para recobrar fuerzas y entrenar todos
sus sentidos.



El cielo lucía sus mejores galas en azul y naranja cuando la
encontró, extenuada y medio muerta a la orilla del rio.



Mientras volvía en sí escuchó unas palabras que marcarían el
inicio de todos sus principios



-No te preocupes, ya estás a salvo.



 



 



Evaglauca

A  veces me siento como un barco a la deriva a punto de astillarse contra el acantilado, pero tu sonrisa es como ese faro que siempre espera  en el fin del mundo.


 Evaglauca

Aiyana (flor eterna)

Aiyana (flor eterna)

Susurra el viento una antigua leyenda nacida en el lugar donde anidan los sueños, cuenta que  una pequeña india  sentía una curiosa pasión por el cielo y todos sus ocupantes.

Los ancianos de la tribu  le habían contado muchas historias sobre el gran padre sol, pero era la hermosa luna la que cautivaba la imaginación y el espíritu de la joven Aiyana.

Sentía en su sangre y en su piel todas las fases lluna, pero era cuando esta estaba llena, cuando los alimentos se le antojaban más sabrosos, las caricias de la brisa eran más sinuosas, y su madre  decía que olía a bosque de primavera.

Fue en una de sus lunas cuando tropezó con el, blanco como como la reina de la noche, con los ojos del color del cielo , oliendo a tierra y sal. No hubo palabras, no hicieron falta, ambos firmaron su condena, a sabiendas de que lo efímero duraría siempre en sus corazones.

El alba lo despertó frío y solo,  habría dudado si había sido un dulce sueño de verano, de no ser porque un suave aroma impregnaba su piel, era como si se hubiese rociado con la esencia de un bosque en primavera.

Aiyana no pudo dormir, aprovechó cada segundo al lado del trampero. Miró al cielo e imploró a la luna llena la eternidad de aquel instante, esta se compadeció de ella,  convirtiéndola en un millar de flores blancas, dulces, perfumadas, que tienen por costumbre abrirse, en noches de luna llena.


Evaglauca


 

Sin sueños, el horizonte solo es una línea al fondo del paisaje.


Evaglauca

El transcurso del tiempo, le había hecho apreciar las cosas sencillas,
adoraba el olor a tierra mojada que traen las primeras gotas de lluvia,                        andar descalza, perderse entre las hojas de un buen libro,    el susurro del lápiz cuando surca el papel, la caricia de los rayos de sol a primera hora de la mañana, la estela de emociones que crean los sueños cuando empiezan a fraguarse.

Lo que no había notado nadie, es que todas esas cosas pasaron a un segundo plano, el día que sus sonrisas decidieron mirarse a los ojos.

 Evaglauca

Nunca se da tanto como cuando se dan esperanzas.

(Anatole france)

Mi maestra de escritura, y digo maestra con toda la intención, porque es de esas personas que no solo te enseñan la materia, si no que transmiten una pasión por lo que explican de un modo contagioso, transportándote a una especie de nirvana, en el tiempo que disfrutamos de sus clases. Tiene la firme convicción, de que escribir nace de una necesidad vital de expresarse.


Supongo que lo mismo  les sucede a los músicos, pintores, escultores y demás artistas. El arte no solo libera un sentimiento, también provoca en el receptor una emoción y para mí, esa es la magia.


Sin ir más lejos, una humilde aprendiz (Como me gusta esa palabra, aprendiz, me transporta a otra época) ha podido constatar que la intención con la que derramo las palabras, no siempre es recogida en la clave que las escribí, abriendo ante mí un abanico de posibilidades  que jamás llegué a imaginar.


Lo cierto es que escribir me hace feliz, y aunque  la vorágine de mí día a día no me deje mucho tiempo para hacerlo, siempre me guardo cinco minutos para anotar en mi cuaderno alguna palabra con la que luego tejer una historia.



Gracias por estar ahí, a los que pasáis de puntillas,  a los que comentáis,a los que  la casualidad llevo a sus pupilas  a este humilde espacio, soñar con que he sido capaz en algún momento de provocaros alguna emoción , es más que suficiente .



Evaglauca



 

En vistas de que las musas han pasado de mi, he decidido ir a buscarlas, no sé si encontraré a las nueve, o si su padre, el gran Zeus tendrá algo que objetar. Sé que su madre Mnemosine (diosa de la memoria) nunca tuvo a bien tocarme con sus dones.
No pretendo retenerlas o quedármelas para mí, como hizo en su día Pireneo, un rey de la lejana Fócida que osó encerrarlas, aunque ellas muy listas se proveyeron de alas y escaparon volando.
Pregunté a unos y a otros, Marta me dio una información valiosísima sobre Calíope, que según me contó era la primera de todas en dignidad, además defendía la poesía heroica, y entre sus obras favoritas están la Odisea, la Ilíada o la Eneida. Intuyo que siendo la diosa de la oratoria, no va a querer venir a tomar un té conmigo para charlar un rato.
Así que seguí una pista que me facilitó Edu, un loco del pasado , me contó que Clío, la musa de la historia a veces lo visita con su amiga Talía, que es una simpática y risueña musa coronada de hiedra , que es protectora de la comedia. Pero después de esperar, y esperar decidí marchar hacia casa.
Por el camino me crucé con Melpómene la musa de la tragedia, porque un pensamiento gris me azotó como una sacudida, aunque Euterpe la musa de la música, ha colado una preciosa melodía por mis oídos, abstrayéndome de los malos pensamientos.
Pude intuir el toque de Polimnia, en un mimo que seguía sus sueños con la cara pintada de blanco y un jersey blanco con rayas negras.
En clase de Bailes de Salón, pude adivinar que Terpsícore, la musa de de la danza, había visitado al profesor en sueños, porque la clase nos dejó a todos exhaustos.
El día llegaba a su fin, salí al balcón y allí estaba ella, la luna y un millón de estrellas, entonces me acordé que Urania, musa de la astronomía debía estar bailando entre los astros de la mano de Erato, la musa de la poesía, que seguro inspiraría grandes versos, a esos poetas que adoran las estrellas y la luna llena.
Al final, he desistido de buscar a las codiciadas musas, ya vendrán si quieren a visitarme, pero mientras tanto, me rodearé de historia, música, letras y estrellas, que como compañía tampoco están tan mal.

Evaglauca






Estaba buscando información, y el destino ha cruzado esta canción en mis oidos y he pensado en compartirla con los que paseis por aquí, ya que hace días las letras andan perdidas en caminos que no llevan a mi cuaderno.

Evaglauca

Uno de los escritores de cuentos que más me ha emocionado desde niña es Hans Cristian Andersen, y cuando digo emocionado, me refiero a que con su Soldadito de Plomo, lloraba a moco tendido, o reía como una loca con el Traje nuevo del emperador, con su Sirenita mi imaginación se desbocaba , y con La princesa y el guisante me di cuenta de que yo no había nacido ni quería ser princesa, pero tengo que confesar que mi favorito era el Patito feo, ese cuento que leí y releí tantas veces de niña, en algún momento del relato decía;

¡Qué importa que hayamos nacido entre patos si hemos salido de un huevo de cisne!

Algún día me gustaría tener la osadía de escribir un cuento, para como el mismo solía decir;

Siempre se debe llamar
A cada cosa por su nombre
Pero, si uno no se atreve,
Debe poder hacerlo en un cuento.
(Hans Christian Andersen)


Evaglauca

CAPITULO VII

CAPITULO VII


No entendía la amabilidad de su improvisado cuidador, ni la curiosidad que despertaba en ella.

Ella sabía de sobra que cuando la necesidad de saber se le colaba por el cuerpo, no podía dejarla a un lado. Tendría que averiguar, el ¿por qué?, de sus conocimientos en emplastos y elixires, la razón por la cual su voz sonaba joven, pero daba consejos, que pesaban como los que esconden en sus corazones los ancianos. Le aterraba descubrirse inspirando el aire, intentando encontrar esa nota de terciopelo y bosque que emanaba de él, mientras le curaba la herida.

El disfrutaba de la presencia de esa bella mujer, le recordaba su niñez, cuando era libre y junto a su madre recorría los pueblos, ofreciendo ayuda a las parturientas, atendiendo a todos aquellos que se acercaban a su carreta. Tiempos en los que vivir no tenía otro precio que decidir que puente cruzar o cual dejar atrás.

Llegó el día, en el que él le quitó en vendaje, y decidió que el aspecto de la herida era lo suficientemente bueno, como para quedar descubierta.

A Jimena las fuerzas ya no le flaqueaban, se levantó para salir a respirar el aire del camino. No pudo impedir que Unax le acompañara. Mientras sus pies recorrían el camino, la charla se convirtió en un interminable interrogatorio, que no hacía más que alimentar la curiosidad que ambos sentían.
La tarde estaba llegando a su fin. Calentaban en el fuego lo que iba a ser su cena, y sin poder evitarlo llegó el momento de hablar de mañana.

-Al amanecer llegaremos a la aldea, conozco a una buena mujer, que no tendrá ningún reparo en darte cobijo mientras decides qué hacer, además es partera, tus conocimientos le serian de gran ayuda.

-No estoy muy segura, de que sea una buena idea. No tengo por costumbre estar bajo un techo que no sea el mío, ni tampoco a que nadie se tome tantas molestias en organizarme la vida.

-Podrías intentarlo hasta que nazca la criatura. No sería prudente embarcarse en un largo viaje después de tu convalecencia. No te sientas obligada, solo te digo que te lo pienses.

-Lo pensaré.

Un silencio denso se apodero de la noche tiñendo de desesperanza, el corazón de Jimena y de desasosiego el alma de Unax.

Evaglauca

A veces las ganas de sentir, se le escapaban por las grietas de su alma y no las podía mantener calladas, corrían por el torrente sanguíneo hasta sus pupilas prodigando miradas indiscretas, gateando por las yemas de sus dedos que huérfanas de caricias, jugueteaban con las comisuras de unos labios que a falta de besos se conformaban con el cosquilleo que el deseo contenido producía en ellos.
A veces maldecía la primavera, por recordarle lo bello que es sentir y lo duro que se hace en el reino de la soledad.
Evaglauca