Desde niña miraba al cielo, de día disfrazaba a las nubes, de noche soñaba con bailar descalza en la luna, o acariciar las estrellas con las yemas de los dedos. Julio Verne la llevó de la Tierra a la Luna y Saint Exupèry le regaló un pequeño príncipe con el que recorrer las estrellas entre líneas de magia y poesía . El tiempo se llevó su infancia , pero su alma sigue soñando con acariciar las estrellas ,bailar notando en la plantas de sus pies la piel de la luna,y a veces solo a veces cierra los ojos y envuelta en música puede sentir como se hacen realidad sus sueños.
En primer lugar me gustaría agradeceros todo lo que me dejasteis el año pasado ya que no he tenido que ir a visitar al médico, ni por los peques ni por mí ,además las risas han sido la banda sonora más de un día y de dos…. Todavía conservo ese saquito de esperanza, al que recurro cuando el gris gana la partida, y he podido disfrutar de esos atardeceres rojos que tanta energía me aportan.
Para este año, si no es mucho abusar de mi suerte y vuestra benevolencia, querría pediros unas cuantas cosas;
No me iría mal una cajita de imaginación para poder hacer frente al día a día.
Una paleta de colores vivos y alegres, para dibujar días multicolores para todos aquellos a que amo.
Una sinfonía de sonrisas, risas y carcajadas compartidas, con los peques y los que no lo son tanto.
Y si,ya sé que os lo pido cada año pero no puedo pasar sin ellos, más atardeceres rojos, naranjas y hasta rosas, de esos que hacen que broten sueños del fondo de mi alma.
En fin no quiero alargarme más, porque tendréis muchas cartas que leer y muchos regalos que repartir. Recordaros que los zapatos están en el balcón, os dejaré un poquito de turrón y algo de licor porque parece que va a ser una noche fría.
Recibid todo mi afecto y cariño más sincero y un gran abrazo para Melchor, Gaspar , Baltasar y todo vuestro séquito.
De pronto una música de otro tiempo se coló por la ventana, se acercaba la Navidad y por primera vez habían decidido hacer una feria de artesanía con tintes de edad media.
Jabones hechos a mano, perfumes artesanos, juguetes de madera, panes, pastas, bisutería, hasta un tío vivo con caballitos de madera que giraban con ayuda de un feriante disfrazado de juglar.
Pero la música…. ¿cuánta magia puede condensar una nota de música?, desconocía la respuesta, pero se limitó a cerrar los ojos y dejarse llevar hacía el Medievo, donde el concepto prisa aún tenía que inventarse, donde las miradas tenían el valor de poner un corazón al galope, y un esbozo de sonrisa, llenar de secreto júbilo a quien la recibía.
Al terminar la melodía sonrió con cierta nostalgia, puede que en aquellos tiempos no hubiese prisas, pero había vasallaje, siervos, derechos de pernada……. Lo bueno que tiene una melodía es que dura el tiempo suficiente para que los sueños no se tornen pesadillas.
Hace tanto tiempo que no te escribo, menos mal que en Nunca Jamás el tiempo lleva otro ritmo, y para ti seguramente habrá sido un santiamén.
Hoy ha venido a mi mente la primera vez que te me tomaste de la mano y me enseñaste a volar, desde ese momento siempre he guardado la esencia de ese instante, para escapar cuando las circunstancias son demasiado tristes.
Reconozco que me he arrepentido alguna vez , de haber dejado Nunca Jamás por el Aquí y Ahora, pero decidí y tengo que asumir las consecuencias, he aprendido a reconocer a niños perdidos, a piratas, sirenas, e indios y todos ellos forman parte de mi círculo más cercano, todos ellos aprendieron a volar contigo, o en las páginas de tus aventuras.
Dejo esta carta en el hueco del viejo sauce como de costumbre, con una bellota y unos cuentos de aventuras en alta mar para que se las expliques a los chicos, también he dejado un pedacito de terciopelo para campanilla, se que le gusta su tacto.
Debo despedirme una vez más con un hasta pronto, espero recibir noticias de todos vosotros.
Hoy ha amanecido, con un día de esos que tienen banda sonora própia, la poesía a parte de escribirse puede escucharse, y Ludovico Enaudi sabe destilar en las notas de un piano la esencia de la belleza.
La luna llena bailaba en el firmamento, esa noche estaba especialmente bella, en el centro de un halo de luz que le daba una apariencia sobrenatural y mágica. Ella no entendía de cristales helados en las nubes, ni fenómenos atmosféricos que eran los que provocaban ese espectáculo tan sublime, ella prefería creer que era un regalo del destino para sellar una velada, donde hasta el universo había conspirado para que fuese perfecta.
Que el mundo era raro lo sabía desde que tenía uso de razón, y lo sigue pensando la única diferencia es que ahora aprecia las cosas que se salen de lo común.
Hoy es uno de esos días regalo, hacia demasiado tiempo que no se regalaba uno, así que ha empezado disfrutando del calor del agua resbalando por su piel, del olor de la crema hidratante cuando se mezcla con la piel limpia, del perfume repartido por muñecas, y cuello.
No solo el ritual del aseo lo ha convertido en un pequeño premio a toda la semana de prisas, agobios, deberes, reglas y compromisos, el desayuno también tenía su extra, en forma de chocolate. Mientras sentía como se fundía en su paladar provocando esa pequeña explosión de sensaciones dulces, recordó con una sonrisa todo lo que se dice de él.
Sabía que era el día idóneo, porque la reunión quincenal, era una excusa para compartir letras, proyectos, sonrisas y sueños. Además nada le complacía más, que ver como la pasión por lo que se hace, dibuja en el rostro la ilusión de la niñez más diáfana y pura, ignorando la edad del que la siente.
Hoy es uno de esos días regalo, y ha decidido que no sea algo extraordinario.
La tierra se interponía entre el sol y una rotunda luna llena, tal vez esa era la causa por la que el corazón dellobo andaba de sacudida en sacudida, o quizás era que el final del otoño anunciaba la entrada inminente de la estación donde el celo se apoderaba de todos los reyes de los bosques.
Ella había nacido con la maldición de las mujeres de su estirpe corriendo por sus venas.La fama de su belleza, era más una condena que una bendición. Su padre la mantenía lejos de las miradas indiscretas hasta que llegase a una edad prudente para desposarla y así librarse de una hija, que le recordaba demasiado la mirada gris glacial de una mujer a la que odiaba, por haberlo dejado solo en aquel lugar con el corazón roto.
El torbellino de fuego que quemaba sus entrañas, era mucho más fuerte que cualquier otro sentido, así que empezó a correr hacia el horizonte, parecía que sus patas sabían el camino, corrió hasta quedar sin aliento, paró en un claro del bosque y empezó a ulular.
Los aullidos resonaron en toda la aldea, dejando desierto hasta el último callejón.
Ella contemplaba el eclipse absorta, ajena a todo, los aullidos le parecieron un dulce reclamo en la noche más extraordinaria que jamás había visto. De pronto todo cobró forma. Cogió su capa, dejando atrás la aldea y adentrándose en un bosque que parecía haberla estado esperando una eternidad.
La tierra había dejado de hacer sombra a la luna , creando la ilusión de una aurora boreal, lo quea ella le pareció mágico. Cuando llegó al claro del bosque de donde procedían los aullidos, pudo ver al lobo, adivinando en el fondo de aquellos ojos grises glaciales que ya estaba en casa.
La lluvia se había adueñado del paisaje pintando de gris el día y las caras de muchos de los viandantes. La música la alejaba del destino que alcanzaría en cinco minutos, había cambiado de ruta para no tener la sensación de repetir siempre el mismo camino, ya que hacía mucho tiempo que el final del trayecto era la oficina. Saludó con una sonrisa a su particular ángel de la guarda, el de ella y de todo el edificio, los protegía y ayudaba siempre con pequeños gestos, no solo les repartía el correo y vigilaba las cámaras de seguridad, si no que con un solo vistazo, sabía que decir a todo aquel que tenía la fortuna de cruzarse con el. Una vez en su sitio revisó el correo, cuando el teléfono se encargó de sacarla de su letargo. La conversación con su superior fue rápida, densa, y fría tan fría que salió tiritando del despacho. En su cabeza un tornado de palabras le removían la mente y el estómago, crisis, recortes, ajustes, plantilla, gastos……, intentó guardar la compostura, e ir aceptando que en pro de toda aquella jerga, que utilizan para justificar las decisiones incómodas, iban a correr tiempos de lucha, de perdida, de incertidumbre y pena. No pegó ojo en toda la noche, buscó las gafas de ver la vida en rosa como había hecho tantas veces en tiempos grises, pero estas le parecieron una payasada. Así que atavió su corazón con las pinturas de guerra y empezó a luchar contra sus lágrimas, esta vez necesitaba ser fuerte, pues era ella la que se quedaba. Se despidió de aquellos con los que había compartido días laborables, risas, prisas, cafés, y sobre todo una amistad que iba más allá del compañerismo, con un intento de sonrisa que disimulase el sentimiento de pérdida. Al día siguiente, nada más cruzar la puerta su alma le dio un vuelco al ver que entre otros compañeros, también había perdido a su ángel de la guarda.
¡Oh Capitán! ¡Mi capitán! Nuestro espantoso viaje ha concluido; El barco ha enfrentado cada tormento, el premio que buscamos fue ganado; El puerto está cerca, las campanas oigo, toda la gente regocijada, Mientras los ojos siguen la firme quilla de la severa y osada nave: Pero ¡oh corazón! ¡Corazón! ¡Corazón! Oh las sangrantes gotas rojas,
Cuando en la cubierta yace mi Capitán Caído, frío y muerto.
II
¡Oh Capitán! ¡Mi capitán! Levántate y escucha las campanas; Levántate —por ti se ha arriado la bandera— por ti trinan los clarines; Por ti ramos y coronas con cintas— por ti una multitud en las riberas; Por ti ellos claman, el oscilante gentío, sus ansiosos rostros a ti se vuelven; ¡Arriba Capitán! ¡Querido padre! Este brazo bajo tu cabeza;
Es tan sólo un sueño aquél en la cubierta, Tú has caído frío y muerto.
III
Mi Capitán no responde, sus labios están pálidos y quietos; Mi padre no siente mi brazo, no tiene pulso ni voluntad; El barco se encuentra anclado sano y salvo, su viaje concluido y terminado; De una horrorosa travesía, el barco vencedor, viene con un objeto conquistado; ¡Regocíjense, oh riberas y repiquen, oh campanas! Pero yo, con lúgubre andar
Camino la cubierta donde yace mi Capitán, Caído, frío y muerto.
Da igual, en que mar naveguemos, ni lo fuertes que puedan ser las circunstancias, cuando encontramos a alguién capaz de ponernos encima de la mesa, el desinto nos ha hecho unos de los regalos más grandes, despertar nuestra consciencia a través de un Capitán que seguro tuvo esa suerte antes que nosotros.
A todos esos maestros de la vida que despiertan nuestra conciencia, alma y corazón gracias por ser nuestro Capitán.
El portazo no solo resonó en el vacío que dejaba su marcha. La puerta cerró todas aquellas estancias donde habitaba la felicidad, dejando ríos de soledad salada que ahora entumecían todos y cada unos de sus sentidos.
Solo las letras daban alas a sus sueños, se dejaba seducir por ellas en los libros que desde hacia un tiempo se habían convertido en los únicos amantes entres sus sabanas, y que la acunaban entre sus páginas como una dulce melodía tarareada suavementemuy cerquita del oído.
Se resistía al embate del deseo decaricias de piel, porque ya había pagado un precio demasiado alto, y no le quedaba más corazón para entregar.
Había aprendido a tomar el hilo de su vida, por enmarañada que esta estuviese.
Podía percibir el olor a otoño que empezaba a rezumar por su piel, conviviendo con la nostalgia y la esperanza, porque en algún lugar había leído, que sin esperanza no se puede vivir, y ella no renunciaba a tener en su boca el sabor de los sueños cumplidos.
Tenía la piel de luna y era Sirena, sus cabellos eran de noche y sería demasiado fácil decir que el brillo de sus ojos era como destellos de estrellas.
De mirada calmada, llevaba el reflejo de las mareas, aunque a veces podían adivinarse huracanes escondidos detrás de tanta calma aparente.
Nadaba en la frontera de los sueños, disfrutaba cantando a los crepúsculos y pintando amaneceres.
Jamás embauco a un marinero, es más le parecieron siempre seres temibles y brutos.
Sabía del amor, por los cuentos que le contaba la vieja ballena gris, y pensó siempre que el amor era la materia de la que están hechos los cuentos.
Pero el destino, quiso intervenir en la suerte de la joven Sirena, porque al destino no le gusta estar quieto y además siempre adivinó los huracanes que se escondían detrás de las pestañas de Piel de Luna.
Una tarde llegó él, bello y fuerte, pero con el miedo escondido detrás de sus dos grandes ojos negros, traía relatos aterradores, sobre experimentos, laboratorios, acuarios y la más emocionante de sus aventuras, en la cual relataba su huida hacia la libertad.
Bastaron dos tardes, para que ambos se diesen cuenta de que la existencia como hasta aquel momento, ya no era suficiente.
Desde entonces delfín y sirena surcan los mares con el corazón dispuesto a escribir nuevas historias, él disfruta de su libertad en la mejor compañía y ella vive convencida de que el amor, no es solo la esencia de los cuentos o las leyendas.
Hace días que mis palabras no encuentran el camino delos sueños,que están estresadas, cansadas de repetir de modos diferentes las mismas cosas.
Así que esta mañana les he dicho
-Chicas, haced las maletase ir en busca de vuestras propias aventuras.Marchad a capturar amaneceres rojos, poner música a vuestros silencios, disfrazaros de atrevidas para robar la sustancia de los besos y abrazos, danzad, danzad, danzad entre nubes de ilusión y cuando la nostalgia gane la partida, si algún día lo hace yo os estaré esperando.
Me han mirado con cara de sorpresa, pero ahora están como locas haciendo reservas y las maletas a su destino.
Yo para no sentirme sola sin su presencia, he decidido hacer el equipaje e ir a buscar el mío, para que cuando nos volvamos a encontrar tengamos muchas cosas que contarnos, y así poder compartir con vosotros algunos renglones frescos e ilusionados.
Entre las páginas 112 y 113 de mi libro favorito, unas palabras bailan formando un verso como este;
Oye un ruego, Ishtar,
Luna de los Amantes.
De quien no sabe dar
Enséñame a recibirlo todo.
De quien no sabe abrirse
Hazme llenar….
(pag, 112 )
Unos parágrafos adelante, en la siguiente hoja una descripción sublime se desliza entre las pupilas del lector que ávido de seguir adelante, devora una a una las palabra con las prisas de la pasión.
Ya respiraba tranquilo y la sacerdotisa le notó contemplándola por primera vez. El muchacho descubría la lisura de los cabellos femeninos graciosamente recogidos, la delicadeza del rostro, el cuello que lo sostenía como un tallo a una flor, el cuerpo pequeño pero exquisitamente formado, con senos apuntando bajo la túnica y caderas ostensibles. La mirada se detuvo en la sandalia ritual y luego volvió a subir recorriéndola como en una caricia, saboreando el descubrimiento. Los ojos ya no eran sólo risueños; relumbraban vida.
(pág. 113. Del libro La vieja sirena del autor José Luis de Sampedro)
Siempre estaré agradecida a la persona que me recomendó este libro, bueno este y muchos otros, pero este en especial, porque me tuvo cautiva del principio al fin, y de vez en cuando vuelvo a sus páginas abriéndolo al azar, y aún soy capaz de emocionarme. Gracias Mari por tus sabios consejos, y por supuesto , gracias al destino por forjar un alma tan magnífica como la de José Luis de Sanpedro, y otorgarle el don de la palabra, que esgrime con maestría, sabiduría, talento, solidaridad, y un millón de adjetivos que quedaría cortos.
Desde que brotó, había vivido siempre en la parte sombría del jardín. Se elevaba con su tallo de un modo tímido y sinuoso hacia el cielo, en busca de esa luz que le daba la vida.
Disfrutaba con el cosquilleo que le producían las mariquitas mientras trepaban por sus hojas, o del dulce rubor que le provocaba el libar de las mariposas, a las que envidiaba, no por su belleza, si no porque podían salir volando.
La pequeña margarita era soñadora, algo peligroso para una flor enraizada en un jardín. Había aprendido a imaginar otra vida tarde a tarde, cuando la pequeña Alba, leía en voz alta toda clase de cuentos y leyendas para olvidar, que sus pies se resistían a andar sin aquellos hierros que la mantenían rígida, ya que su espina dorsal se resistió a formarse del todo .
Una tarde mientras Alba leía un cuento Celta, sobre hadas, ríos, deseos y sueños imposibles hechos realidad, escucho a su madre decir;
-¿Dónde se esconde hoy mi pequeña sirena?
- Nadando entre margaritas como siempre.
Fue rápido, casi no se dio cuenta, dos dedos la arrancaron del resto de su tallo, pudo sentir como inspiraban su aroma, después un sarcófago de papel la acogió entre la página ciento doce y ciento trece.
Desde que brotó, la sombra y los sueños fueron sus compañeros de viaje, ahora reposa en un libro de cuentos Celtas, sobre hadas, ríos, deseos y sueños imposibles hechos realidad.
Lápiz, papel y un millón de palabras dando vueltas en su cabeza, ese era casi siempre el inicio de todas sus historias.
Letras que surgían de algún naufragado recuerdo de canción, o que simplemente se escapaban de aquellos libros que le habían acompañado, en noches en las que no había otro refugio, que el abrazo de una historia a la luz de la mesita de noche.
Empezó admirándolas, le divertía jugar con ellas y el sonido que tenían independientemente de su significado. Las atesoraba en pequeñas libretas, para cuando tuviese necesidad de ellas, incluso tenía algunas guardadas en una cajita de cartón, puesto que quienes la conocían se las regalaban para su cumpleaños.
Y con toda esa admiración y respeto por ellas, siempre que las necesitó la dejaron muda, aunque no se lo tiene en cuenta, sabe perfectamente que aquello que importa no necesita de muchas palabras para explicarlo, basta con una mirada desde el fondo del alma.
Llevaba tanto tiempo dejándose llevar por la corriente, que el día que quiso remontar el río le flaquearon las fuerzas, la corriente era fría y helaba su cuerpo,pero no se rindió, paró en la orilla el tiempo suficiente para recobrar fuerzas y entrenar todos sus sentidos.
El cielo lucía sus mejores galas en azul y naranja cuando la encontró, extenuada y medio muerta a la orilla del rio.
Mientras volvía en sí escuchó unas palabras que marcarían el inicio de todos sus principios