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Se muestran los artículos pertenecientes al tema El rincón del verso.

Paren todos los relojes, corten el teléfono Eviten que el perro ladre dándole un hueso jugoso Silencien los pianos y, con un sonido suave Traigan el ataúd, dejen venir a los deudos Permitan a los aviones dar círculos en lo alto Escribiendo en el cielo el mensaje: él está muerto Coloquen crespones alrededor de los cuellos blancos de los servidores públicos Permitan usar guantes negros de algodón a los policías. Él era mi norte, mi sur, mi este y mi oeste Mi semana de trabajo y mi domingo de descanso, Mi mediodía, mi medianoche, mi conversación, mi canción; Pensé que el amor duraría para siempre: me equivoqué.
Ahora no se necesitan las estrellas sáquelas todas; Llévense la luna y desmantelen el sol; Vacíen el océano y limpien el fondo; Pues nada, ahora podrá ser como antes. Wystan Hug Auden (1907-1973) Es uno de mis poemas favoritos, supongo que la primavera me llena de vacíos melancólicos que lleno con arte de otros, porque me abriga del frío que da un colchón donde solo estoy yo y que en estas fechas cada día parece más grande Evaglauca
 No te acongojes más por lo que has hecho; fango y espina tienen fuente y rosa a la luna y al sol vela el eclipse; vive el gusano en el capullo suave. Todos cometen faltas, yo también pues disculpo con símiles la tuya, y por justificarte me corrompo y excuso tus pecados con exceso. A tu yerro sensual le doy mi ayuda; de opositor me vuelvo tu abogado y comienzo a pleitear contra mí mismo. Tanto el amor y el odio en mi combaten que no puedo dejar de ser complice del ladrón tierno que cruel me roba. WILLIAM SHAKESPEARE  No sé por qué me fatigo, pues con razón me vencí, no siendo nadie conmigo y vos y yo contra mi. Vos por haberme desamado, yo por haberos querido, con vuestra fuerça y mi grado habemos a mí vencido; pues yo fui mi enemigo en darme como me dí, ¿quién osará ser amigo del enemigo de sí? (Jorge Manrique) No me quedan palabras cuando encuentro mis sentimientos en un verso, y eso es lo que me ha pasado cuando, incapaz de escribir nada que plasmase lo que siento, o de imaginar lo que me gustaría alcanzar, me topo por azar con unas líneas que escritas siglos antes de mi existencia explican con pulcra exactitud lo que mi alma siente en ese precioso instante. Evaglauca
 Erase de un marinero Que hizo un jardín junto al mar, Y se metió a jardinero. Estaba el jardín en flor, y el jardinero se fue por esos mares de Dios. Antonio Machado (Parábolas)
 Hoy fue un día en que nada amable sucedió. No hubo incendios de mi piel al lado de la tuya, sino más bien la inquietante sensación de que en la vida que juntos transcurrimos uno de los dos era agua y el otro , tenaz y denso aceite. En tiempos como éstos las palabras abuandan y cruzan de mi lado a tu lado sin efecto y sin rastro. De lo dicho sólo permanece el chasquido de la vocales y las consonante, el sonido del látigo inútil, el aire a fieras sueltas e indomables. Múltiples argumentos van y vienen sobre el pasillo oscuro Donde alguien cerró todas las puertas. (Gioconda Belli –Mi íntima multitud)
 A veces me gusta jugar con el azar, voy a la estantería cojo un libro y dejo que se abra por una página .Hoy que tengo uno de esos días en que levantarse de la cama ha sido todo un error pero que quedarse en ella hubiese sido nefasto, sobre todo porque hubiese estado sola, he pensado, haber que me dice el oráculo, y “voilà” hoy estaba chisposillo y me ha regalado esta perla que escribió en 1907 Carmen Conde y que lo dice todo por si misma.
NOSTALGIA DE LA MUJER Mil años ante ti son como sueño. Como de aguas el grosor de una avenida. Hierba que en la mañana crece, florece y crece en la mañana, aunque a la tarde es cortada y se seca. ¿Qué es el tiempo ante Ti, qué son los truenos que blandes contra mi cuando me nombras? Por favor siente a tu idea, te veo hosco mirándome en la lumbre de tu Arcángel. La espada Tu también: eres el filo y el pomo que se aprieta con el puño. Para verte a Ti mismo me has nacido. Por estar solo con tu omnipotencia. Soy la nada, soy de tiempo, soy un sueño… Agua que fluye, hierba ácida que cortas sin amor… Tu no me quieres. Carmen Conde 1907
 Tus manos son mi caricia mis acordes cotidianos te quiero porque tus manos trabajan por la justicia Si te quiero es porque sos mi amor mi cómplice y todo y en la calle codo a codo somos mucho más que dos (Te quiero) Mario Benedetti
Mi pasión por Benedetti, empezó un día que por casualidad decidí leer un libro de relatos cortos con el que me cautivó, ahora una amiga poeta me ha mostrado la poesía de Mario , y al leer esta que está arriba, he pensado, un espíritu sensible y lúcido, lo es siempre ya sea en prosa o en verso.
 En el corazón tenía la espina de una pasión; logré arrancarámela un día: ya no siento el corazón. Y todo el campo un momento se queda mudo y sombrío, meditando. Suena el viento en los álamos del río. La tarde más oscurece; y el camino que serpea y débilmente blanquea, se enturbia y desaparece. Mi cantar vuelve a plañir: “Aguda espina dorada, quién te pudiera sentir en el corazón clavada.” (Antonio Machado)
 Y cuando todo el mundo se iba y nos quedábamos los dos entre vasos vacíos y ceniceros sucios, qué hermoso era saber que estabas ahí como un remanso, sola conmigo al borde de la noche, y que durabas, eras más que el tiempo, eras la que no se iba porque una misma almohada y una misma tibieza iba a llamarnos otra vez a despertar al nuevo día, juntos, riendo, despeinados (JULIO CORTÁZAR)  Oye, seremos tristes,dulce señora mía. Nadie sabrá el secreto de esta suave tristeza. Tristes como ese valle que a oscurecerse empieza, tristes como el crepúsculo de una estación tardía. Tendrá nuestra tristeza un poco de ufanía no más, como ese leve carmín de tu belleza, y juntos lloraremos sin lágrimas, la alteza de sueños que matamos estérilmente un día. Oye, seremos tristes, con la tristeza vaga de los parques lejanos, de las muertas ciudades, de los puertos nocturnos cuyo faro se apaga. Y así, bajo el otoño, tranquilamente unidos, tú vivirás de nuevo tus viejas vanidades y yo la gloria póstuma de mis triunfos perdidos (RAFAEL MAYA (1897))  Creo que no te quiero, que solamente quiero la imposibilidad tan obvia de quererte como la mano izquierda enamorada de ese guante que vive en la derecha.
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